
Brillante, irónico y surrealista, muy surrealista. O’Brien nos adentra en paisajes repletos de objetos parlantes e inservibles y personajes que rozan (mejor, son) la caricatura. El lector encuentra la lucidez de un genio y las verdades vitales en escenas que, a priori, son pura hilaridad. Uno de los grandes.
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Posted in: Letras
Posted on abril 24, 2008
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